4.21 - Get back
Get back to where you once belonged
👋 Bienvenida
¡Muy buenos días!
Un viaje presencial al pasado.
Eso fue lo que me tenía preparado el universo la semana pasada.
Había estado tan enfocado en la historia de Chile los últimos veinte meses que creo que el universo quiso recordarme que yo también tengo mi historia y que valía la pena que la revisitara.
Muchas veces hablo de ella (de mi historia o la que creo que es mi historia) pero me hacía falta volver a recorrerla y escucharla desde personajes de cada época. Esta semana fue eso.
El martes a primera hora, fui a ver a un gran amigo que hablaba en un evento de venture capital y startups. Fui a apoyarlo, aprender de él y terminé recibiendo como bonus mi primer visita a un pasado reciente. Muchos emprendedores e inversionistas que respeto del ecosistema se acercaron a conversar conmigo. Sea para felicitarme por el estreno de Histeria o preguntar por los avances de Mudango, sentí como si fueran amigos de un curso pasado que me deseaban bien y querían hacerse presentes en esta nueva etapa que estoy viviendo. Sentí algo parecido a como cuando me encontraba con amigos abogados cuando estaba empezando a emprender. Me hizo sentir querido y ver como en cada capítulo de mi vida voy construyendo una red de apoyo muy especial con personas admirables y que tienen buenos deseos para mi siguiente paso.
De ese evento volé a hacer por décimo año consecutivo la charla vocacional en mi colegio frente a cerca de cien cuartos medios. Ahí me llevé la grata sorpresa que quien me presentaría sería mi querido profesor de historia del colegio. Este año jubila y por eso pidió presentarme para contar nuestra historia juntos. Me emocioné mucho al escuchar desde un profesor que marcó mi vocación por la historia (y me incentivó a estudiar derecho) como el percibió mi vida desde que nos conocimos hace 22 años atrás. Era un ángulo de mi historia que nunca había escuchado, y viniendo de alguien tan importante para mi vocación, fue un regalo inesperado. Viajé en el tiempo a mi tiempo en el colegio y desde los ojos de mi profesor.
Al terminar la charla y mientras caminaba junto al profesor a la salida del colegio, un alumno de la charla se acercó al profesor y le pidió hablar conmigo. Me acerqué al alumno que asumí me querría hacer alguna pregunta sobre mi charla vocacional.
Al ver al alumno, no pude evitar recordarme a mi mismo en primero medio, cuando llegué al colegio desde Perú. Flaco, con anteojos, incómodo e inseguro. El alumno no me miró a los ojos y dijo mirando hacia el piso:
-“¿Cómo haces para sentirte bien siendo como eres?”
La pregunta me golpeó. Su tono era de una angustia muy grande. No atiné a responder y el ya continuaba su desahogo:
-“Es tan difícil… Contaste que eras uno de los únicos hombre en teatro en el colegio y que lograste que el resto respetara esto. Hoy yo soy el único y nadie me entiende. Me siento muy solo.”
Sentí su soledad. Ahora sí me transporté a mi “yo” de primero medio. Solo, asustado, diferente. Era igual a lo que yo sentí.
Ordené mi mente y empecé a aconsejarlo. Que ser diferente no es fácil pero que vale la pena. Que a veces tenemos que ver dónde estamos tratando de encajar y entender que quizás no conviene encajar ahí. Nos haría muy diferentes a lo que realmente somos. Traté de darle paz que al ir a la universidad se abrían un montón de nuevos mundos, compañeros, compañeras, clubes, actividades. Que iba a poder encontrar su lugar o crearlo y que otros se sumaran a él. Quiere estudiar psicología (igual como pensé yo también como alternativa en cuarto medio) porque quiere ayudar a otras personas. Creo que lo hará muy bien.
Sentí que su pena y miedo se aliviaba un poco. Le ofrecí mi contacto y ayuda cuando sea que la necesite y se marchó.
Solo siento que me faltó darle un abrazo. Sé que el “yo” de primero medio también lo hubiese necesitado.
Su presencia me quedó pegada todo el resto del día. Tanto así, que en la noche, para la función 100 de Notworking (así es, justo era la función del centenario de nuestra querida obra) le dediqué la función en mi mente a este actor que estaba luchando por seguir siendo como es.
Pero como estamos en la semana de vuelta al pasado, quienes presentaron la función 100 no fueron ni más ni menos que mis papás. Juntos. En el escenario. Cada función la presenta algún amigo o amiga de mi vida que le cuenta al público algo de mí y de la obra para compartir algo más que solo las risas. Y el discurso de mis papás fue hermoso. El hecho que se pararan frente a 250 personas por mí ya era un acto de amor inmenso, pero el discurso me sacó lágrimas de felicidad antes de siquiera empezar a actuar. ¿Cuál fue el ángulo de su discurso? Obviamente, recorrer mi pasado, desde sus ojos:
“No queremos extendernos así es que nos limitaremos a contarles principalmente de Ignacio entre el día cero de su vida, no cualquiera conoce su día cero, hasta los 2 años, pero van a notar que ya a esa temprana etapa se vislumbraba quien sería.”
Tras la emoción de escuchar mi historia de origen absoluto desde las personas que más quiero, pasé a actuar por dos horas. En mi semana de viajar al pasado, no podía faltar hacer lo que más amo: actuar y alegrar a las personas. Función 100, cumplida con corazón lleno.
Al día siguiente, a medio día, me esperaba el decano de la facultad de derecho de la Universidad Católica para almorzar juntos porque la facultad me pidió hacer el discurso de graduación de los abogados de esta generación. Un honor inmenso que tomo como una responsabilidad inmensa. Este discurso tendrá lugar este jueves en el salón de honor y me voy a preparar como nunca para darle a esos futuros colegas el mayor valor posible para el camino profesional que empiezan.
No había vuelto a la Universidad donde estudié hace más de 10 años. Llegué una hora antes para darme tiempo de recorrer sin apuro cada rincón de ese lugar donde me formé por cinco años. Increíble como estaba impregnado en cada rincón un recuerdo. Un miedo para una prueba, una nueva imitación de un profesor, una buena conversación con un nuevo amigo o amiga.
Durante el almuerzo con el decano, y después que me dediqué a circular por las oficinas de los profesores, fui escuchando mi historia como estudiante universitario desde sus ojos. Me volví a emocionar. Los profesores realmente viven nuestras vivas con nosotros y siguen nuestros caminos con orgullo, si es que los dejamos ser parte.
Volví a casa con el corazón lleno de gratitud, pero faltaba un último momento del viaje al pasado: el jueves decidí ir a una clase grupal de padel. Por mi cuenta, de noche, teniendo nulas aptitudes. Sentí que quería ir y fui.
Al llegar a la clase, estuve con un profesor y dos alumnos de mi edad que eran amigos entre ellos y se notaba que llevaban tiempo entrenando. A pesar de ser el grupo más básico de entrenamiento, eran muy buenos. Y yo era muy malo.
Por más que me esforcé, no podía apuntar muy bien los golpes, me equivocaba todo el rato y me empecé a atrapar en mi cabeza. Sobre todo, lo que me hizo sentir mal era ver que los otros dos compañeros de clases estaban empezando a frustrarse de tener que jugar con alguien tan malo. Uno que estaba jugando conmigo le dijo al otro en voz baja: “¿Cambiemos un rato?” y ahí sentí esa vergüenza que me teletransportó a mi infancia y sobretodo ese primer año en colegio de deportistas donde no tenía aptitudes. “No soy bueno; qué hago aquí; estás echando todo a perder; obvio que esto iba a salir así"; qué esperabas"; cuánto falta para que esto termine”. Y empezó ese loop maldito. Necesitaba salir de mi cabeza porque era un círculo negativo que sólo me hacía fallar más.
Decidí cambiar el diálogo porque íbamos a jugar un partido de 15 minutos y comencé a hablarle de vuelta a esa voz negativa: “es de las primeras veces que juego; para esto estoy en clases; voy a mejorar; pásalo bien; de aquí para arriba.”
El profesor jugó conmigo contra los otros dos alumnos. A pesar de mi esfuerzo, y el esfuerzo sobrehumano del profe, perdimos.
Pero no se sintió mal.
Al darme la mano con los otros dos alumnos les pedí disculpas por mi bajo nivel. Ahí me dieron tips de cosas que podía mejorar fácil y me dijeron que partí muy bien para ser primera clase. Que no dejara de venir el próximo jueves para seguir mejorando.
“No dejes de venir el próximo jueves”.
Qué alivio sentí de escuchar eso.
Me fui en silencio de la primera clase, reflexionando de como pasé de esa breve tortura mental del viaje al pasado del sentimiento de incompetencia deportiva a tener clarísimo que ya no soy el mismo de antes, que puedo dar vuelta mi diálogo mental, partir de cero sin tener miedo y convencido que voy a volver a la segunda clase esta semana y seguir mejorando.
Hoy domingo, termino de escribir esto para compartirlo contigo y no puedo dejar de pensar en lo especial que fue vivir una semana de recorrido por mi pasado: nacimiento e infancia por mis papás, el año del bullying representado por el niño actor, mis trabas con el deporte con la clase de padel, los años de colegio por mi profesor de historia, la universidad por el decano y profesores, el evento de emprendimiento por mis compañeros de negocio y mi pasión pegamento de toda mi vida pudiendo actuar esa función número 100. Fue como esas películas en que te muestran tu pasado para enseñarte alguna valiosa lección. Agradezco el haber estado consciente de lo que me estaba ocurriendo para poder dejarlo escrito, pensado y aprender de este recorrido.
Te invito a que escuches tu historia desde las voces de tus padres, que vuelvas a contactar a tus profesores, que visites espacios donde creciste, que le des una mano a niños o niñas que te recuerden quien eras y puedan necesitar una “visita del futuro”. Sin duda agradecí este empujón del pasado para confirmar mi felicidad y tranquilidad presente.
Futuro, nos vemos cuando llegues.
¿List@ para partir? ¡Manos a la obra!
💬 Reflexión - Amigos para celebrar y para editar.
Simon Sinek dijo algo en el último capítulo de su podcast “A bit of optimism” que me quedó dando vueltas: tenemos menos amigos para celebrar que para desahogarnos. Y puede que tenga razón. Hay una categoría de amigo que vale oro: ese al que puedes llamar para decirle “te quiero contar algo que me pasó y que me tiene muy orgulloso”, sin miedo a que lo vean como soberbia. Porque no es soberbia. Es compartir la felicidad. Y necesitamos amigos que entiendan esa diferencia, que reciban tu alegría con la misma generosidad con que recibirían tu pena.
Por mi parte, creo que he podido cultivar al menos diez amistades a las que puedo llamar para esta felicidad compartida sin tener el miedo que piensen que es soberbia o no compartan mi emoción de forma sincera. Al mismo tiempo, he tratado siempre de ser alguien al que se le puede llamar para contar una buena noticia personal (¡espero tu llamada! ¡me alegra el día!).
Pero en el podcast también habló de otra función igual de valiosa que un buen amigo cumple, y que bautizó como el “amigo-editor”. El amigo editor es ese amigo al que puedes llamar enojado o dolido con otra persona o el mundo, explicarle todo con las palabras más sucias y desordenadas, sin filtro ni estructura, y que en el simple acto de contarlo, algo en ti empieza a ordenarse. Él te escucha, te pregunta, te ayuda a separar lo que es real de lo que es ruido. Te edita. Y cuando cuelgas, ya puedes expresarte de la mejor manera posible, con claridad y sin el desorden encima.
Aprovecho de agradecer a mis amigos editores. Creo que hablo mucho en parte porque toda la vida he buscado ese orden y edición en rebotar mis ideas, emociones y dudas en quienes me escuchan con cariño. Espero poder estar siendo ese amigo-editor también para mis amigos. Aquí estoy cuando me necesiten.
🔧 Herramienta - Consejos para la longevidad (¿o inmortalidad?).
Bryan Johnson es un empresario estadounidense que decidió gastar parte de su fortuna en un solo objetivo: no morir. O al menos, morir lo más tarde posible.
Esta lista que publicó recientemente resume en 42 puntos todo lo que ha descubierto invirtiendo millones en longevidad. No es magia ni tecnología de punta: es realmente básico. Y eso es una buena noticia porque podemos aplicar a nuestra vida muchos de estos consejos y aprendizajes. Te los transcribo a continuación:
“Esto es todo. Todo lo aprendido gastando millones en longevidad:
El sueño es la droga más poderosa del mundo.
Permanece en cama 8 horas.
La misma hora de dormir cada noche, antes de medianoche.
No comas justo antes de acostarte.
Cenas livianas y tranquilas.
Sin pantallas 1 hora antes de dormir.
Evita el azúcar añadida (está en todo, cuidado).
Evita todo lo que encuentras en una tienda de conveniencia.
Evita los alimentos fritos.
Zapatos fuera al entrar a casa.
Come alimentos naturales, especialmente verduras, frutas, nueces, legumbres y berries.
Camina un poco después de comer o haz sentadillas en el aire.
Eleva tu frecuencia cardíaca con regularidad.
Levanta peso.
Estira todos los días.
Usa hilo dental, seda dental, cepíllate, raspa la lengua: mañana y noche.
Haz un esfuerzo consciente por tomar agua.
Recibe luz solar al despertar (el UV es bajo a esa hora).
Protege tu piel del sol del mediodía.
Mantén una postura erguida.
Ve a al menos un amigo una vez a la semana.
Evita el plástico donde puedas (en todo).
Ventila los espacios donde estás.
Cuando estés estresado, respira. Aprende a calmar tu cuerpo.
Ve al dentista.
Evita estar sentado por periodos largos.
Protege tu audición. El mundo es demasiado ruidoso.
El alcohol es malo para ti.
Termina el café antes del mediodía.
Evita las luces brillantes después del atardecer.
Si tienes obesidad, investiga los GLP (semaglutida y similares).
Duerme en una habitación fría.
Escribir mensajes mientras manejas es peligroso.
Apaga todas las notificaciones.
Limita el uso de redes sociales.
No fumes nada.
Si te cuesta dormir, lee un libro físico antes de acostarte.
Una hora antes de dormir, ten una rutina de descanso tranquila: baño, lectura, caminata suave, música.
El cuerpo es un reloj y ama la rutina. Ten un horario fijo de mañana y de noche.
Evita los viajes de larga distancia cuando puedas.
Primero los pasos pequeños: incorpora los cambios de a poco.
Haz menos. La mayoría de las cosas no funcionan.
Puntos extra si te haces un examen de sangre.
Empieza aquí. Va a cambiar tu vida.”
🎥 Video - El momento exacto de la creación de “Get Back”.
En 1969, los Beatles preparaban su gran nuevo disco. Necesitaban nuevas canciones. Encerrados en un estudio, empezaban a probar cosas. Creatividad, colaboración, frustración, volver a intentar. Por suerte, una cámara grabó todo el proceso creativo y en este video de 4 minutos (incluido en el extraordinario documental “Get Back”) se ve el momento exacto en que Paul McCartney crea la canción "Get Back”.
Me emociona ver como la canción va apareciendo a medida que galopa sobre un ritmo improvisado. Como le va gustando lo que escucha y va agregando capaz. Como el resto de los Beatles se le suma en el juego de crear algo nuevo.
Que suerte tener este registro. Sería de los videos que me gustaría que vean los futuras generaciones para entender cómo hicimos arte en nuestra era.
PD: Creo que “Get back” también es un título perfecto para lo que viví esta semana de flashbacks.
✍🏻 Cita para reflexionar.
“Para mí la única tarea verdaderamente importante consiste en reinstaurar la conciencia de la responsabilidad del hombre con su propio destino. El hombre tiene que retornar al concepto de su propia alma, intentar poner su actuación en consonancia con la propia conciencia.
Tiene que aprender a aceptar de nuevo que la conciencia no puede dejarle tranquilo cuando el curso de los acontecimientos entre en contradicción con sus propios pensamientos. El sufrir con la propia alma ayuda a conocer el verdadero estado de las cosas, provoca la responsabilidad y la conciencia de la propia culpabilidad.”
— Andrei Tarkovsky
¡Que tengas una semana extraordinaria!
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